Mito derribado: tu cuerpo no “cancela” los beneficios del ejercicio
- 5 de enero de 2026
Tiempo de lectura: 5 minutos.
Durante años ha circulado una idea persistente en el mundo de la salud y el ejercicio: que el cuerpo humano compensa el esfuerzo físico reduciendo el gasto energético en otros procesos, anulando parcialmente los beneficios del ejercicio. Sin embargo, nueva evidencia científica demuestra que este mito no se sostiene.
Un estudio reciente liderado por investigadores de Virginia Tech, en colaboración con la University of Aberdeen y la Shenzhen University, confirma que moverse más realmente implica quemar más calorías, sin que el organismo reduzca su gasto energético en funciones básicas para equilibrarlo.
Más actividad, mayor gasto energético total
La investigación, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analizó cómo la actividad física influye en el gasto energético diario total. Los resultados son claros: las personas físicamente más activas utilizan más energía a lo largo del día, y este incremento no es compensado por una disminución del gasto energético en otros sistemas del cuerpo.
En otras palabras, el cuerpo no ralentiza funciones esenciales como la respiración, la circulación sanguínea o la regulación de la temperatura para “ahorrar” energía cuando hacemos ejercicio.
“Nuestro estudio encontró que una mayor actividad física se asocia con un mayor gasto calórico, independientemente de la composición corporal, y que este aumento no se equilibra reduciendo el gasto energético en otros procesos”, explicó Kevin Davy, profesor del Departamento de Nutrición Humana, Alimentos y Ejercicio de Virginia Tech y autor principal del estudio.
Cómo se midió el gasto energético en la vida real
Uno de los aspectos más sólidos del estudio es su metodología. En lugar de depender únicamente de cuestionarios o estimaciones indirectas, los investigadores utilizaron el método del agua doblemente marcada, considerado el estándar de oro para medir el gasto energético en condiciones reales.
Los participantes consumieron formas especiales de oxígeno e hidrógeno y proporcionaron muestras de orina durante un periodo de dos semanas. Dado que el oxígeno se elimina del cuerpo tanto en el agua como en el dióxido de carbono, y el hidrógeno solo en el agua, los científicos pudieron calcular con precisión cuánta energía utilizaba cada persona.
Además, la actividad física se registró mediante sensores colocados en la cintura, capaces de detectar movimiento en múltiples direcciones.
Un estudio con perfiles muy diversos
El estudio incluyó a 75 participantes, con edades entre 19 y 63 años, cuyos niveles de actividad variaban desde estilos de vida mayormente sedentarios hasta atletas de ultra resistencia. Esta diversidad permitió analizar si el efecto del ejercicio sobre el gasto energético se mantenía en distintos contextos y niveles de condición física.
Los resultados mostraron una relación consistente: a mayor movimiento, mayor gasto energético diario, sin señales claras de que el cuerpo intentara compensarlo.
¿El cuerpo alguna vez compensa el ejercicio?
Aunque este estudio no encontró evidencia de una compensación metabólica significativa, los investigadores señalan que esto podría ocurrir en condiciones extremas, especialmente cuando hay ingesta insuficiente de energía.
“Analizamos personas que estaban adecuadamente alimentadas. En situaciones de subalimentación, la aparente compensación podría reflejar simplemente que el cuerpo no tiene suficiente energía disponible”, señaló Kristen Howard, autora principal del artículo e investigadora asociada senior en Virginia Tech.
Esto sugiere que el problema no es el ejercicio en sí, sino la falta de combustible adecuado para sostenerlo.
Menos tiempo sentados, más beneficios
Otro hallazgo relevante fue la fuerte relación entre niveles altos de actividad física y menos tiempo sedentario. Las personas que se mueven más no solo hacen ejercicio estructurado, sino que también pasan menos horas sentadas a lo largo del día.
En conjunto, estos resultados respaldan el llamado modelo energético aditivo, que propone que el ejercicio suma —y no reemplaza— gasto energético diario.
Qué significa esto para la salud pública
Este estudio aporta evidencia sólida para reforzar uno de los mensajes más importantes en salud: moverse más sí importa. La actividad física no solo tiene beneficios cardiovasculares, metabólicos y mentales, sino que también incrementa de forma real el gasto energético total, apoyando estrategias de control de peso y bienestar general.
Aun así, los autores subrayan que se necesita más investigación para entender en qué personas y bajo qué condiciones podrían presentarse mecanismos de compensación energética.
Referencias
- Virginia Tech. «Myth busted: Your body isn’t canceling out your workout.» ScienceDaily. ScienceDaily, 1 January 2026. https://www.sciencedaily.com/releases/2025/12/251228020012.htm
Recomendación de cursos
Análisis de datos y estadística descriptiva
Curso principiante
10 horas totales
M.C. Axel Alejandro Ramos García
Tecnológico de Monterrey
Diseño de experimentos con software estadístico
Curso principiante
10 horas totales
Dra. Bertha Alejandra Flores Nuño
Universidad de Guadalajara
Bioestadística avanzada con SPSS
Curso principiante
10 horas totales
Dra. Bertha Alejandra Flores Nuño
Universidad de Guadalajara
Recomendación adicional del equipo Conociverso
Diplomado en Bioinformática: formación integral para adquirir competencias avanzadas en análisis computacional y datos biológicos, altamente valoradas en la industria.
Suscríbete para contenido exclusivo sobre ciencia

Cuando dos años de trabajo académico desaparecen con un solo clic
El uso de herramientas de inteligencia artificial se ha vuelto cotidiano en la academia, pero no está exento de riesgos. Este artículo analiza un caso reciente publicado en Nature en el que un investigador perdió dos años de trabajo académico tras un cambio en la configuración de privacidad de una plataforma de IA. A partir de esta experiencia, se reflexiona sobre los límites de estas herramientas como espacios de trabajo y la importancia de mantener prácticas sólidas de respaldo y gestión de la información científica.

El café y el microbioma intestinal: evidencia científica de una interacción específica
El café es una de las bebidas más consumidas en el mundo y, durante años, se ha asociado con diversos beneficios para la salud. Pero ¿sabías que también podría influir directamente en las bacterias que viven en tu intestino? Un estudio reciente publicado en Nature Microbiology analizó datos de decenas de miles de personas y encontró que el consumo habitual de café está estrechamente relacionado con la presencia de una bacteria intestinal específica: Lawsonibacter asaccharolyticus. Este hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre cómo lo que bebemos a diario puede modificar nuestro microbioma y, potencialmente, nuestra salud.

Construyendo virus desde cero para combatir superbacterias
La resistencia a los antibióticos es una de las mayores amenazas para la salud global. Frente a este desafío, científicos de New England Biolabs (NEB®) y la Universidad de Yale han desarrollado el primer sistema completamente sintético para diseñar y construir bacteriófagos —virus que infectan bacterias— desde cero. Utilizando información digital de ADN y una innovadora plataforma de ensamblaje genético, esta tecnología permite crear virus altamente específicos capaces de atacar bacterias resistentes como Pseudomonas aeruginosa. Este avance acelera la investigación en fagoterapia y abre la puerta a terapias más seguras, precisas y escalables contra las llamadas “superbacterias”.