¿El secreto de la inteligencia humana está en el intestino?
- 7 de enero de 2026
Tiempo de lectura: 5 minutos.
Durante décadas, la ciencia ha buscado explicar qué hace único al cerebro humano. Sabemos que es el órgano más complejo que existe y que, en proporción al tamaño del cuerpo, es el más grande entre los primates. Sin embargo, una pregunta clave seguía sin respuesta: ¿cómo logró evolucionar un cerebro tan grande y energéticamente costoso?
Un nuevo estudio de la Universidad Northwestern propone una respuesta tan inesperada como fascinante: parte del secreto podría estar en nuestro intestino.
Microbios intestinales y cerebro: una conexión más profunda de lo que pensábamos
Nuestro sistema digestivo alberga billones de microorganismos —bacterias, hongos y virus— conocidos en conjunto como microbioma intestinal. En los últimos años, se ha demostrado que estos microbios influyen en procesos como el metabolismo, el sistema inmunológico e incluso el estado de ánimo.
Ahora, esta nueva investigación muestra que los microbios intestinales también pueden moldear directamente el desarrollo y funcionamiento del cerebro.
“Nuestro estudio muestra que los microbios están actuando sobre rasgos clave para entender la evolución, particularmente la evolución del cerebro humano”, explica Katie Amato, investigadora principal del estudio y profesora asociada de antropología biológica.
Un experimento sorprendente: trasplantar microbios entre especies
Para probar esta hipótesis, los investigadores realizaron un experimento altamente controlado. Trasplantaron microbiota intestinal de tres primates diferentes a ratones que habían sido criados sin ningún tipo de microbios:
Humanos (gran cerebro)
Mono ardilla (gran cerebro)
Macaco (cerebro relativamente más pequeño)
Tras ocho semanas, los cerebros de los ratones comenzaron a mostrar patrones de actividad sorprendentemente similares a los de la especie donadora.
En otras palabras: los microbios intestinales hicieron que los cerebros de los ratones “se parecieran” funcionalmente a los de los primates de origen.
Más energía y mayor capacidad de aprendizaje
Los ratones que recibieron microbios de primates con cerebros grandes mostraron una mayor activación de genes relacionados con:
Producción de energía cerebral
Plasticidad sináptica (capacidad del cerebro para aprender y adaptarse)
Esto es clave, ya que el cerebro humano consume alrededor del 20% de toda la energía del cuerpo, a pesar de representar solo el 2% del peso corporal. Los investigadores sugieren que el microbioma pudo haber sido un aliado evolutivo esencial para sostener ese enorme gasto energético.
“Literalmente logramos que el cerebro de un ratón se pareciera al cerebro del primate del que provenían los microbios”, señala Amato.
Microbioma y salud mental: una pista inquietante
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue que los ratones que recibieron microbiota de primates con cerebros más pequeños mostraron patrones de expresión genética asociados a:
Trastorno por déficit de atención (TDAH)
Esquizofrenia
Trastorno bipolar
Trastorno del espectro autista
Aunque estudios previos ya habían encontrado correlaciones entre el microbioma intestinal y estas condiciones, esta investigación aporta evidencia experimental directa de que los microbios pueden influir causalmente en el desarrollo cerebral.
Esto refuerza la idea de que una exposición temprana a un microbioma “adecuado” podría ser crucial para un desarrollo neurológico saludable.
Implicaciones evolutivas y médicas
Los resultados no solo ayudan a entender cómo pudo evolucionar el cerebro humano, sino que también abren nuevas puertas en el campo de la salud mental y el neurodesarrollo.
Si los microbios intestinales influyen en cómo se construye y funciona el cerebro, podrían convertirse en un nuevo objetivo terapéutico para prevenir o tratar ciertos trastornos neurológicos en el futuro.
“Pensar el desarrollo del cerebro desde una perspectiva evolutiva y microbiana puede ayudarnos a descubrir reglas generales sobre cómo los microbios interactúan con el sistema nervioso”, concluye Amato.
Un nuevo paradigma: no estamos solos ni siquiera al pensar
Este estudio nos recuerda algo fundamental: la inteligencia humana no es solo producto de nuestras neuronas, sino de una compleja interacción con los microorganismos que viven dentro de nosotros.
Tal vez, después de todo, parte de lo que nos hace humanos se encuentra en nuestro intestino.
Referencias
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