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El intestino: un ecosistema invisible pero crucial
Dentro de nuestro intestino viven billones de microorganismos —principalmente bacterias— que forman el llamado microbioma intestinal. Este ecosistema participa en funciones clave como la digestión de alimentos, la producción de metabolitos, la regulación del sistema inmune y el equilibrio metabólico.
En los últimos años, la ciencia ha demostrado que la dieta es uno de los factores más importantes para moldear este microbioma. Cambios relativamente pequeños en lo que comemos (o bebemos) pueden favorecer a ciertas bacterias y desplazar a otras.
¿Por qué estudiar el café?
El café es una bebida químicamente compleja: contiene cafeína, polifenoles, ácidos fenólicos y muchos otros compuestos bioactivos. A nivel epidemiológico, su consumo se ha asociado con menor riesgo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares y hepáticas. Sin embargo, los mecanismos detrás de estos beneficios no estaban del todo claros.
Aquí es donde entra el microbioma: ¿y si parte del efecto del café ocurre porque alimenta a ciertas bacterias intestinales?
Un estudio a gran escala
Para responder esta pregunta, investigadores analizaron información de más de 54 000 personas en distintas cohortes de Estados Unidos y Reino Unido. El estudio combinó:
Datos detallados sobre consumo de alimentos y bebidas.
Análisis del microbioma intestinal mediante secuenciación genética.
Estudios de metabolitos presentes en sangre.
Este enfoque permitió observar patrones sólidos y comparables entre poblaciones muy diferentes.
El café destaca entre todos los alimentos
Al evaluar más de 150 alimentos, el café fue el que mostró la asociación más fuerte y consistente con cambios en el microbioma intestinal. No se trató de una relación vaga o indirecta: incluso al considerar otros factores del estilo de vida, el consumo de café seguía destacando.
Esto sugiere que el café no solo acompaña ciertos hábitos, sino que tiene un efecto propio sobre el ecosistema intestinal.
Una bacteria en particular: Lawsonibacter asaccharolyticus
El hallazgo más llamativo fue la relación entre el consumo de café y una bacteria específica llamada Lawsonibacter asaccharolyticus. Las personas que bebían café con mayor frecuencia tendían a tener:
Mayor cantidad de esta bacteria en el intestino.
Mayor probabilidad de que esta bacteria estuviera presente.
Aunque no es una bacteria muy conocida fuera del ámbito científico, su asociación tan clara con el café llamó la atención de los investigadores.
Del dato estadístico al laboratorio
Para ir más allá de la simple correlación, los científicos llevaron esta bacteria al laboratorio. Allí observaron que Lawsonibacter asaccharolyticus crecía mejor cuando el medio de cultivo contenía café.
Además, en personas consumidoras de café se detectaron en sangre niveles más altos de ciertos metabolitos derivados del café, como el ácido quinico, lo que sugiere que estos compuestos podrían estar influyendo directamente en el crecimiento bacteriano.
¿Esto significa que el café es “probiótico”?
No exactamente. El estudio no afirma que el café cure enfermedades ni que esta bacteria sea necesariamente “buena” o “mala”. Lo que sí demuestra es algo muy importante: un solo alimento puede favorecer selectivamente a microorganismos específicos del intestino.
Este tipo de hallazgos ayuda a entender mejor cómo la dieta, el microbioma y la salud están conectados, y abre la puerta a una nutrición más personalizada en el futuro.
Una nueva forma de ver lo que consumimos
Más allá del café, este estudio refuerza una idea clave en la ciencia moderna: cuando comemos o bebemos, no solo nos estamos alimentando a nosotros, sino también a los microorganismos que viven dentro de nosotros.
Comprender esta relación puede cambiar la forma en que pensamos la alimentación, pasando de “calorías y nutrientes” a “ecosistemas y funciones biológicas”.
Referencias
Mo, J., Watanabe, K., Johnson, A. J., Rühlemann, M. C., Kurilshikov, A., Sanna, S., … Zhernakova, A. (2024). Coffee consumption is associated with intestinal Lawsonibacter asaccharolyticus abundance and prevalence across multiple cohorts. Nature Microbiology, 9, 129–141. https://doi.org/10.1038/s41564-024-01858-9


