Una bacteria del Golfo de México podría ayudar a combatir la contaminación por plásticos

Investigadores mexicanos identificaron una bacteria marina del Golfo de México con la capacidad de degradar poliuretanos, uno de los plásticos más persistentes en el ambiente marino. Este hallazgo, resultado de investigación científica nacional, abre nuevas posibilidades para el desarrollo de estrategias biotecnológicas que ayuden a mitigar la contaminación por plásticos en los océanos y destaca el potencial de la biodiversidad marina como aliada frente a uno de los mayores retos ambientales actuales.

La contaminación por plásticos es uno de los problemas ambientales más urgentes de nuestro tiempo. Cada año, millones de toneladas de residuos plásticos terminan en los océanos, donde pueden permanecer durante siglos, afectando ecosistemas marinos y la salud humana. Entre estos materiales, los poliuretanos —presentes en recubrimientos, espumas, textiles y productos industriales— son especialmente problemáticos por su resistencia a la degradación.

En este contexto, científicas y científicos mexicanos han logrado un avance notable: identificar una bacteria marina capaz de degradar poliuretano y reducir su toxicidad, abriendo nuevas posibilidades para enfrentar la contaminación plástica en los mares degradación de plasticos.

Ciencia hecha en México, desde el mar profundo

El estudio fue liderado por investigadoras e investigadores del Instituto de Biotecnología de la UNAM, en colaboración con otras dependencias universitarias y centros de investigación, a partir de muestras recolectadas en el Golfo de México. Este enfoque no es casual: se trata de una región fuertemente impactada por la contaminación, donde los microorganismos han tenido que adaptarse a condiciones extremas, incluyendo la presencia constante de hidrocarburos y plásticos.

A partir de una colección de casi 300 bacterias marinas, el equipo identificó una cepa particularmente prometedora: Stutzerimonas frequens GOM2, aislada de aguas profundas del Golfo. Esta bacteria mostró una capacidad sobresaliente para crecer utilizando poliuretano como sustrato y degradarlo de manera activa.

¿Cómo “se come” el plástico una bacteria?

Para comprobar que la bacteria realmente degradaba el plástico —y no solo crecía alrededor de él— el equipo aplicó una batería de técnicas avanzadas:

  • Análisis químicos que mostraron la ruptura de enlaces clave del poliuretano.

  • Mediciones de peso molecular, que confirmaron que el polímero se fragmenta en moléculas más pequeñas.

  • Cromatografía y espectrometría de masas, con las que se identificaron productos de degradación, algunos incluso con potencial interés farmacéutico o industrial.

En términos simples: el plástico no solo desaparece visualmente, sino que se transforma químicamente gracias a la actividad bacteriana.

¿Es segura esta bacteria?

Una pregunta clave cuando se habla de biotecnología ambiental es la seguridad. Por ello, el equipo mexicano evaluó cuidadosamente si esta bacteria podría ser peligrosa para otros organismos.

Los resultados fueron tranquilizadores:

  • El análisis genómico no reveló genes asociados a patogenicidad.

  • Ensayos con modelos biológicos, como larvas de insectos y embriones de pez cebra, demostraron que la bacteria no es patógena.

  • Además, la biodegradación del poliuretano redujo la toxicidad del material para los organismos expuestos.

Un paso hacia la biotecnología azul

Este trabajo no promete una solución mágica inmediata al problema del plástico, pero sí representa un avance estratégico. Identificar bacterias marinas capaces de degradar polímeros complejos abre la puerta a:

  • Nuevas estrategias de biorremediación marina.

  • Procesos de reciclaje biológico de plásticos.

  • Aplicaciones alineadas con la llamada economía azul, que busca aprovechar los recursos marinos de manera sostenible.

Y, sobre todo, demuestra que en México se está generando ciencia de frontera, con impacto local y relevancia global.

Ciencia mexicana frente a un reto global

En un mundo que enfrenta una crisis ambiental sin precedentes, este estudio recuerda algo fundamental: las soluciones también pueden venir del conocimiento local, del trabajo sostenido en laboratorios mexicanos y de la exploración responsable de nuestros propios ecosistemas.

La próxima vez que pensemos en la contaminación por plásticos, quizá también pensemos en una pequeña bacteria del Golfo de México —y en el talento científico nacional— como parte de la respuesta.

Referencias

Magaña-Montiel et al. (2025). Una bacteria marina del Golfo de México con capacidad para degradar poliuretanos y reducir la toxicidad de plásticos en ambientes marinos. Marine Pollution Bulletin. https://doi.org/10.1016/j.marpolbul.2025.118586

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